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domingo, 27 de noviembre de 2016

Hechizos


Ahora que lo pienso, no tengo ninguna canción que me recuerde a ti... pero no la necesito, porque te llevo en la sangre.
Te conocí mayor pero he soñado con la niña que fuiste. Me ha contado los secretos de tu infancia, de cuando observabas con los ojos muy abiertos todo lo que ocurría en la casa grande. Me ha contado que no te gustaban los soldados, que a veces venían de noche y tu madre siempre tenía que lavarles la ropa y darles algo de comida, sin rechistar, sin discriminar a nadie por el símbolo que portara en su uniforme.
Te recuerdo sentada en el portal, con la mirada perdida.
Solo puedo recordarte vestida de violeta, porque él no querría vernos de negro. Aquel día, la mujer más fuerte de mundo se quedó sin magia. Te vi envejecer 16 años en una mañana, los mismos que yo le había prestado al abuelo.
He intentado comprenderte, conocer los miedos que no te dejaban dormir de niña y que mantuvieron tu sueño ligero para siempre. He intentado imaginar cómo te sentiste el día de tu boda, pero lo único que recuerdo es que te apagaste como una vela. Tu mirada celeste se secó en verano. Nunca pude preguntarte qué hizo el abuelo para enamorarte.
Solo puedo preguntarme si estaréis cómodos durmiendo así, después de haber pasado toda una vida en el lado contrario de la cama.

Los estorninos han vuelto al jardín, pero estoy demasiado lejos para escucharlos.
Hoy vuelvo a sentirme culpable bajo tu manta de lana. No me enseñaste el hechizo para soñar con vosotros y en días como hoy lo necesito, porque es la única forma de abrazaros… Aunque no sea real.