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viernes, 14 de octubre de 2016

Down to the waterline


Te debo la mayoría de la música que me gusta. De las más de 600 canciones que caben en mi iPod, unas 400 me recordaban a ti. Como podrás imaginar, me deshice de muchas.
Hubo excepciones, como los Arctic Monkeys, que me gustaban demasiado. Ni siquiera dejé de escuchar Cornerstone.
Pero con los Dire Straits era distinto. Me enamoré de ti escuchándolos, sus canciones fueron, sin duda, la banda sonora del comienzo de nuestro amor adolescente, de todo lo nuevo, de todo lo mágico que acabaría volviéndonos locos.
Durante años los he mantenido ocultos, olvidados en alguna carpeta de mi ordenador. En mi iPod solo quedó Tunnel of love, porque la identificaba más conmigo que contigo.
Hoy me he acordado del disco de portada borrosa que me regalaste hace casi 7 años y que aún conservo.
Los primeros acordes de Down to the waterline me han hechizado. Y, por primera vez en mucho tiempo, la amargura no ha teñido estas maravillosas canciones con tu mirada.
Escucharlas me ha transportado a aquellas tardes de otoño.
Qué placer poder escucharlas sin odiarte, sin recordar todo el daño y, sobre todo, sin echar de menos a la que persona que fuiste mientras yo me dejaba enamorar por la premonitoria Six blade knife. No echo de menos nuestra mi ingenuidad.
Hoy por fin soy capaz de disfrutar su magia sin rencor. Por fin puedo recordar aquella época como algo feliz, hermoso y preciado.
Estas canciones representan el amor entre dos jóvenes que quieren comerse el mundo y creen que todo el posible con música. Todavía no conocen la verdadera decepción, el amor es como el agua y los cuchillos no se han clavado en la piel. Creen en el infinito.
Dejémosles ser felices en el recuerdo, se lo merecen. En algún momento nos lo merecimos.
Estas canciones son demasiado buenas, significan tanto.
Ahora no puedo dejar de escucharlas.





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