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lunes, 15 de agosto de 2016

Un año más, un año menos


La casa de mis abuelos se ha quedado vacía. Apenas quedan flores.
 
Las gaitas, las panderetas y los tambores resuenan a lo lejos, pero nuestro jardín está en calma, como los instintos.
Las noches de verano no son como antes, nosotros tampoco somos los mismos, todo cambia a pasos de gigante.
A simple vista parece que todo sigue igual. Podría ser una noche cualquiera de aquellas que ya vivimos y que, solo por pertenecer al pasado, fueron mejores.
El mismo lugar, los mismo olores, las mismas caras envueltas en humo, pero latiendo a compases diferentes. Abrazos asimétricos, a destiempo, preguntas sin respuesta, secretos del subconsciente. La frustración de saber que el momento ha pasado, otro trago largo al vaso,  con los ojos cerrados. Otra mirada reprimida a los cigarrillos de otras bocas. Fotos borrosas, como los recuerdos de anoche.
Hemos cambiado. Tú y yo, ella, vosotros, los nuestros, los de antes, ellos.
Hemos cambiado. No somos mejores, ni peores, solo diferentes; más viejos, aunque sigamos siendo jóvenes.

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