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sábado, 25 de junio de 2016

Quizá


Y si me preguntas que a quién escribo estas palabras me inventaré cualquier historia, lo que sea, antes que mirarte a los ojos y reconocer que de tanto has pasado a ser mentira.

Te caíste del pilar que construyeron mis besos. Quizá fui yo quien te empujó.
Te caíste del altar que construyeron mis versos. Quizá te aburriste de ser musa.
Ahora tus palabras me agobian y desatan en mí la impotencia de no saber decirte que de tus labios solo veo salir palabras vacías, grises, como el humo del cigarro al que te entregas.
Me da pánico mirarte a los ojos y que veas la oscuridad que devora tu nombre, las flores marchitas en la tumba de aquella persona que fuiste y que me ayudó a deshacerme de mis cadenas, de aquella persona que fue desapareciendo poco a poco o que, quién sabe, tal vez nunca existió.
La culpa es mía por idealizar a las personas, por admirar en otros las cualidades que no tengo. La culpa es mía por haberte querido. Quizá sea eso, una mezcla entre vergüenza y rechazo, una dosis de despecho que se me atragantó meses después de no verte, cuando cerré los ojos y vi lo que habías significado para mí.
La culpa es mía, por asentir en silencio y camuflar mis ideas con una risita ingenua, mientras mastico las palabras que nunca saldrán de mi boca, al menos no para posarse en tu oído. He hablado de ti, a gritos, pero no contigo.
Sí, en parte es por el despecho. Pero también sé que mi rabia nace de ti, sin que tú lo sepas, por haberte mostrado ante mí cubierta de estrellas, deslumbrándome con tu luz, mientras que ahora… Ahora es noche cerrada y no hay una sola estrella que ilumine nuestras manos. Ahora, todo lo que admiraba de ti es un panteón en ruinas que no esperaba que se viniera abajo. Aún recuerdo su caída.

Ilustración de PedroTapa


martes, 14 de junio de 2016

One of these nights


No tengo mucho tiempo, lo sé. Ni tú tampoco.
Pero encuentra unos minutos para ti, cierra los ojos. Piensa en una noche, la que quieras, te dejo hasta que hurgues en los cajones más antiguos. Puedes pensar en las noches de verano que tenemos por delante, en las noches en vela preguntándonos qué será de nosotros mañana. También puedes escoger algo más positivo, puedes pensar en las madrugadas con gente nueva, en las vistas que ofrece un séptimo piso al atardecer, o en los abrazos que me das por la mañana para no dejarme respirar. Porque a veces, si respiro, me ahogo.
Piensa en aquella noche en la que paseamos por Gran Vía, siendo aún extraños.
Piensa en la primera noche que pasaremos juntos en Berlín.
Cierra los ojos y déjate llevar.


lunes, 6 de junio de 2016

Imagine


Warning: lo que estás a punto de leer no tiene nada que ver con lo que suelo publicar en este blog, pero hoy voy a usarlo para desahogarme. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

No suelo participar en debates o discusiones sobre política o sobre cómo mejorar el mundo, a menos que sea con aquellos que sé que comparten mis ideas, porque soy de esas personas que se lo toman todo muy a pecho, y cuando me pongo nerviosa se me va la coherencia gramatical a los pies y hablo como Tarzán. Anoche hablé. Quizá fuera culpa de la cerveza pero la verdad es que, sin darme cuenta, deshice el filtro de lo políticamente correcto y dije exactamente lo que pensaba. No tartamudeé. Mi vocabulario no parecía el de un niño de primaria. No lloré (qué raro).

A veces tenemos que hacernos oír. Sé que las injusticias son el pan de cada día y que todos somos un poco cómplices pero, ¿qué sería de nosotros si no nos rebeláramos de vez en cuando?
Sé que no voy a ser yo la que cambie el mundo ni acabe con las diferencias entre ricos y pobres. ¿Qué digo el mundo? Ni siquiera en España. Sé que mi discurso airado parecerá radical e incorrecto para algunos, pueril e insuficiente para otros, pero no me importa, porque es lo que pienso.
“Siempre ha habido ricos y pobres”. Es el “siempre” lo que duele, lo que cansa, lo que no satisface. Una vez leí que The most dangerous phrase in the language is “we’ve always done it this way”.
Cada uno puede aplicarlo a lo que quiera: a los políticos, a las multinacionales, a la deslocalización, al capitalismo, a una dictadura, a la religión, a la industria de la carne, a la de la leche, al Gobierno, al sistema, a la monarquía, a la pena de muerte, a la pobreza, al poder, a la mutilación genital, a la tauromaquia, al consumismo, a la hipocresía, a la desinformación, a las propiedades, a los bancos, a la trata de personas, al machismo, a la guerra, a las armas, a las fronteras. Cada uno tiene sus prioridades, pero no importa. La frase “siempre ha sido así”, “siempre lo hemos hecho así” nos envenena mientras la pronunciamos.
No te la creas. Hace miles de años el público aplaudía mientras los esclavos se mataban entre sí, hace no tantos, en nuestro país, las mujeres no teníamos derechos. Ahora mismo, a kilómetros de aquí, obligan a una mujer a casarse con el hombre que la ha violado. Obligan a niños a prostituirse. Obligan a otros a trabajar por menos de un euro al día para que nosotros podamos comprar ropa a precios irrisorios, para que podamos tener cuarenta pares de zapatos. Hay personas encerradas por su ideología. Hay predicadores que incumplen aquello que exigen a los demás. Hay animales confinados, maltratados y asesinados a millones por día para que nosotros podamos satisfacer un consumo desmesurado que, por si fuera poco, acorta nuestra propia vida. Hay bosques enteros reducidos a cenizas. Hay personas que se ven obligadas a huir de su país para intentar sobrevivir.

No digo que vayamos a cambiar el mundo. No de la noche a la mañana. No digo que yo sea ningún ejemplo a seguir. Solo quiero que intentemos ser menos cómplices, con pequeños gestos, aunque solo sea con no conformarnos cuando alguien nos diga que las cosas siempre han sido así.
Como cantaba John Lennon: “You may say I’m a dreamer, but I am not the only one”.