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sábado, 7 de mayo de 2016

Esther


Esther es una princesa que adiestra dragones.
Nadie la entiende y la mayoría de la gente cree que está hecha de puro mármol. Lo que no saben es que se deshace en arena fina si le dibujas versos sobre la piel con las yemas de los dedos.
Es ternura y temblor, es el espejo de otras almas pero no de la suya, es el arcoíris que todos persiguen. Sé que algunos hombres han saboreado su violeta, incluso su azul, pero no hay hombre ni mujer que haya probado su rojo. Por eso se viste de pasión, para provocar a los ilusos que aún sueñan con deslizarse por sus piernas y llegar hasta la olla de oro. Ilusos.
Esther es una tormenta siempre en calma, un haz de luz de alto contenido en duda, una pregunta que, sin ser retórica, no quiere saber respuesta.
Es un pilar que casi nunca tiembla pero que siempre hace temblar al que la mira como se ha de mirar: con los ojos cerrados y el corazón abierto.
No pierdas el tiempo intentando comprenderla, recorre la ciudad de su mano y hazla reír, porque tiene una sonrisa que es pura belleza asimétrica y trasladará a tu mundo la inclinación de su boca.
No pierdas el tiempo intentando comprenderla, déjate mecer por sus silencios… porque aún no lo sabes, pero la echarás de menos.