.

.

martes, 26 de abril de 2016


 Qué gran placer abrir los ojos y encontrarme  con el tuyo.
Cómo me gusta que seas tú el testigo de mis coreografías paganas, de mis arcos y líneas cruzadas, de mis explosiones, de mi fiesta.
Qué maravilla despertar, nacer de nuevo, tras un placer tan poderoso que, sin duda, podría crear nuevas estrellas. Creo que las has creado, son estrellas de colores y nos iluminan desde arriba, como tu ojo entrecerrado, que no deja de mirarme, encantado, mientras renazco en tus manos.
Por un momento, me siento como si fuera la única constelación en el cielo.
Tu ojo ocupa toda la habitación, todo mi cuerpo, y me sumerjo en sus aguas sin miedo a las corrientes, dejándome llevar poco a poco hasta el refugio de tu pupila. Así eres tú, tierra firme, tierra húmeda y fértil donde crece mi futuro.
Qué delicia de existencia, qué orgía de sensaciones, qué bueno es lo bueno cuando no es breve.

2 comentarios:

  1. La última frase es la leche: "qué bueno es lo bueno cuando no es breve" y con eso me voy de aquí con la sonrisa puesta.

    Salud!!

    ResponderEliminar