.

.

martes, 26 de abril de 2016


 Qué gran placer abrir los ojos y encontrarme  con el tuyo.
Cómo me gusta que seas tú el testigo de mis coreografías paganas, de mis arcos y líneas cruzadas, de mis explosiones, de mi fiesta.
Qué maravilla despertar, nacer de nuevo, tras un placer tan poderoso que, sin duda, podría crear nuevas estrellas. Creo que las has creado, son estrellas de colores y nos iluminan desde arriba, como tu ojo entrecerrado, que no deja de mirarme, encantado, mientras renazco en tus manos.
Por un momento, me siento como si fuera la única constelación en el cielo.
Tu ojo ocupa toda la habitación, todo mi cuerpo, y me sumerjo en sus aguas sin miedo a las corrientes, dejándome llevar poco a poco hasta el refugio de tu pupila. Así eres tú, tierra firme, tierra húmeda y fértil donde crece mi futuro.
Qué delicia de existencia, qué orgía de sensaciones, qué bueno es lo bueno cuando no es breve.

viernes, 1 de abril de 2016


Las cicatrices son reversibles y, a veces, cuando me persigues en sueños, revivo despierta aquellas noches de verano interminables. Cierro mis ojos, pero mi mente sigue abierta y de las heridas manan las uñas mordidas que una vez las abrieron.
En momentos como este revivo tus terremotos y el miedo me escuece tanto en los ojos que los cierro para que nadie se asome a ellos, para que nadie encuentre las huellas de la bestia que devoró mi voz.
Hace mucho que la bestia murió, hace tiempo que el odio se evaporó, pero en mis profundidades reposan las sales de mis complejos, aquellos que a veces salen a flote y me empañan la vida, recordándome las cuentas pendientes que tengo conmigo misma.