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viernes, 11 de marzo de 2016



Ilustración de Jean-Francois Painchaud
Max es un marinero holandés con los ojos de niebla. Cuando estoy cerca de él no necesito ver nada más, porque lo único que me apetece es cerrar los míos.
Max tiene la templanza del mar en calma pero sé que bajo la superficie bucean corrientes que pueden dejarte sin respiración.
Max puede convertir las rocas frías y resbaladizas en fuentes de agua termal. Puede controlar las aguas y crear cataratas debajo de las sábanas.
Su mirada se pierde en el horizonte, en los mares que navegó en otra vida y cuyas aguas palpitan en sus venas azules.

Me gusta su espalda recta, su mirada directa a la cámara. Me gusta la calma que me transmiten sus hombros.
Me gustan sus labios, sobre todo cuando me dicen que soy el amor de su vida.
Me gusta verlo serio y hermético porque siento que soy la única persona de esta habitación que conoce su risa, la única que ha escuchado los secretos que esconde su boca, la única que ha probado sus mordiscos.
Me gusta que sus manos recorran los puertos y canales de mi cuerpo encharcado, que se hunda en las profundidades de mis bahías, desenterrando maravillas, barcos hundidos y algún que otro sueño incompleto.
Max me mira y me transporta a lugares que ni siquiera aparecen en los mapas.
Me gusta pensar que mi vida es más vida porque por fin la comparto con él.