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domingo, 7 de febrero de 2016

Nuestra cápsula del tiempo

"The Evening Gown" Rene Magritte
En días como hoy desentierro cápsulas del tiempo como aquella que escondimos bajo la hojarasca hace más de diez años. Los recuerdos que aparecen se me antojan ajenos y surrealistas pero hay una parte de mí que los reconoce como suyos.
Recuerdo cuando jugábamos a descubrir el mundo. Me cuesta creer que fuéramos nosotras esas niñas que se escondían en los desvanes para quitarse la ropa, para jugar a sentir. Para nosotras era un juego pero también era mucho más. Descubrimos sensaciones nuevas, nos descubrimos a nosotras mismas, siempre en secreto. Aún siendo niño sabes que hay ciertas cosas que hay mantener en privado. “Las niñas no deben hacer esas cosas”. Quizá fuera el secreto lo más excitante de todo o quizá lo fueran tus labios carnosos.
Sabíamos que estaba mal pero no entendíamos por qué. ¿Cómo puede ser malo algo tan increíble? ¿Por qué debemos ocultar, rechazar y evitar aquello que nos hace sentir vivos, aquello que nos hace sentir bien? No sabíamos las respuestas, ni sabíamos que esa curiosidad iría evolucionando con los años.
Cuando era pequeña pensaba que los besos sabían a Coca Cola. Los tuyos también.
No me acuerdo cómo empezó ni tampoco cómo acabó pero recuerdo levemente el cosquilleo de los besos a escondidas, la sensación de dos cuerpos que se buscaban pero que no sabían cómo encontrarse, las ganas de que llegara el momento de volver a jugar, de escaparnos a los silos de paja y aprender las reacciones que nuestros cuerpos, que apenas había empezado a cambiar, iban manifestando con cada idea que se formaba en nuestras mentes pueriles. Recuerdo la satisfacción e aquellas tardes soleadas de verano, las sonrisas, las mejillas ruborizadas, los ojos brillantes, la complicidad de dos amigas con ganas de comerse el mundo.
Sé que fui la primera persona que te besó y también la primera que se asomó a tus ojos y descubrió una fuerza eléctrica, viva, casi agresiva, que tardé años en comprender. Fui la primera persona que alimentó tus ganas.
Cuando seguimos creciendo empezamos a comprender las dimensiones de aquellos juegos y, sin ser conscientes, hicimos un pacto implícito en el que renunciamos a ellos. Aquellos recuerdos se fueron a la deriva, dejándonos con la duda, años después, de si realmente sucedió o si fue otro sueño de una noche de verano.
Hace mucho que dejamos de ser aquellas niñas que se confiaban la una a la otra algo tan íntimo como las fuerzas que nos mueven, que mueven el mundo entero.
Años después seguí pensando en ti, con otros, con otras, conmigo. Imaginé cómo sería un universo paralelo en el que seguir escondiéndonos para jugar como lo hacen los adultos. Hace mucho que perdimos el contacto pero a veces me pregunto si recuerdas aquella cápsula del tiempo, si recuerdas nuestro secreto, si has pensado en él alguna noche.
Mi cuerpo ya no recuerda aquellas sensaciones de las que te hablo y nunca podré estar segura de que no me lo he inventado todo (no sería la primera vez) pero de lo que sí estoy segura es de que tras esos ojos, ya adultos, tras esa sonrisa angelical, sigue vibrando, escondida, la magia chispeante que descubrí hace muchos años. Y me gusta pensar que hay algo que hemos compartido, que hay algo que es solo nuestro, aunque no lo hayamos reconocido ni lo vayamos a reconocer nunca.


5 comentarios:

  1. Increíble el recuerdo e increíble la forma de contarlo.

    Salud!

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  2. Bonita manera de describir aquellos recuerdos. Nunca viví nada así, tener un amigo o amiga con quién compartir sensaciones tales. Despertar a la vida acompañado siempre es mejor y más agradable.
    Llegué a tu blog a través de Holden Centeno.

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    1. Muchas gracias por tus palabras. Me gustaría visitar tu blog pero necesito invitación :) ¡Un saludo!

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    2. Estábamos de "reforma"..., ya lo hemos vuelto a poner público ¡estás invitada! ;)

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    3. Gracias :) ¿podrías mandarme el link?

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