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viernes, 19 de febrero de 2016

The distance in your eyes

Artwork by Jean Francois Painchaud

Hubo un tiempo en el que no sabía si era la chica que se miraba en el espejo o solo el reflejo de una desconocida. Esta crisis de identidad no es de extrañar, teniendo en cuenta que siempre he completado lo que no me gusta o desconozco con mis propias ideas. Esto puede parecer maravilloso y creativo hasta que llega un momento en el que no sabes qué recuerdos, opiniones y emociones son reales y cuáles forman parte de uno de los tantos personajes que nacieron tras tus ojos. Hay un personaje especial, el que has ido moldeando durante los años y con el que te sientes especialmente cómoda. Si tuvieras que describirte ante un desconocido, sentirías la tentación de describir a este personaje tan currado, que a todo el mundo gusta. No sería la primera vez. Tampoco sería raro que intentaras caminar como él, para más tarde adoptar sus gestos, sus palabras. Su mente.

Oh, no, I said to much

Puedes engañarte a ti mismo, hasta límites insospechados, yo lo he hecho, casi sin darme cuenta. Pero llegó un momento en el que no quería seguir engañándome, en el que vi tan claro el disfraz que tanto necesitaba que sentí miedo de no saber quién era, de ni siquiera ser. Quería saberlo. Lleva su tiempo, pero sigo definiéndome y a veces me sorprendo de lo sencillo que resulta ver cuando tienes los ojos abiertos. Pero no basta con verlo, hay que admitirlo.

And I don’t know if I can do it

Cada día me siento más yo. Siempre he dicho que me gusta llevar la contraria pero no en voz alta y estoy intentando fortalecer mi voz y decir lo que pienso, aunque no guste, aunque sorprenda. Sigo sin poder añadir “aunque ofenda”.

Every whisper of every waking hour I am choosing my confessions

Seguro que no soy la única que se siente así. Puede que tú también lo hagas. Puede que te estés analizando en este momento. ¿Te conoces? ¿Te gustas? No te comas la cabeza. Solo escucha la canción.






domingo, 7 de febrero de 2016

Nuestra cápsula del tiempo

"The Evening Gown" Rene Magritte
En días como hoy desentierro cápsulas del tiempo como aquella que escondimos bajo la hojarasca hace más de diez años. Los recuerdos que aparecen se me antojan ajenos y surrealistas pero hay una parte de mí que los reconoce como suyos.
Recuerdo cuando jugábamos a descubrir el mundo. Me cuesta creer que fuéramos nosotras esas niñas que se escondían en los desvanes para quitarse la ropa, para jugar a sentir. Para nosotras era un juego pero también era mucho más. Descubrimos sensaciones nuevas, nos descubrimos a nosotras mismas, siempre en secreto. Aún siendo niño sabes que hay ciertas cosas que hay mantener en privado. “Las niñas no deben hacer esas cosas”. Quizá fuera el secreto lo más excitante de todo o quizá lo fueran tus labios carnosos.
Sabíamos que estaba mal pero no entendíamos por qué. ¿Cómo puede ser malo algo tan increíble? ¿Por qué debemos ocultar, rechazar y evitar aquello que nos hace sentir vivos, aquello que nos hace sentir bien? No sabíamos las respuestas, ni sabíamos que esa curiosidad iría evolucionando con los años.
Cuando era pequeña pensaba que los besos sabían a Coca Cola. Los tuyos también.
No me acuerdo cómo empezó ni tampoco cómo acabó pero recuerdo levemente el cosquilleo de los besos a escondidas, la sensación de dos cuerpos que se buscaban pero que no sabían cómo encontrarse, las ganas de que llegara el momento de volver a jugar, de escaparnos a los silos de paja y aprender las reacciones que nuestros cuerpos, que apenas había empezado a cambiar, iban manifestando con cada idea que se formaba en nuestras mentes pueriles. Recuerdo la satisfacción e aquellas tardes soleadas de verano, las sonrisas, las mejillas ruborizadas, los ojos brillantes, la complicidad de dos amigas con ganas de comerse el mundo.
Sé que fui la primera persona que te besó y también la primera que se asomó a tus ojos y descubrió una fuerza eléctrica, viva, casi agresiva, que tardé años en comprender. Fui la primera persona que alimentó tus ganas.
Cuando seguimos creciendo empezamos a comprender las dimensiones de aquellos juegos y, sin ser conscientes, hicimos un pacto implícito en el que renunciamos a ellos. Aquellos recuerdos se fueron a la deriva, dejándonos con la duda, años después, de si realmente sucedió o si fue otro sueño de una noche de verano.
Hace mucho que dejamos de ser aquellas niñas que se confiaban la una a la otra algo tan íntimo como las fuerzas que nos mueven, que mueven el mundo entero.
Años después seguí pensando en ti, con otros, con otras, conmigo. Imaginé cómo sería un universo paralelo en el que seguir escondiéndonos para jugar como lo hacen los adultos. Hace mucho que perdimos el contacto pero a veces me pregunto si recuerdas aquella cápsula del tiempo, si recuerdas nuestro secreto, si has pensado en él alguna noche.
Mi cuerpo ya no recuerda aquellas sensaciones de las que te hablo y nunca podré estar segura de que no me lo he inventado todo (no sería la primera vez) pero de lo que sí estoy segura es de que tras esos ojos, ya adultos, tras esa sonrisa angelical, sigue vibrando, escondida, la magia chispeante que descubrí hace muchos años. Y me gusta pensar que hay algo que hemos compartido, que hay algo que es solo nuestro, aunque no lo hayamos reconocido ni lo vayamos a reconocer nunca.