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domingo, 27 de noviembre de 2016

Hechizos


Ahora que lo pienso, no tengo ninguna canción que me recuerde a ti... pero no la necesito, porque te llevo en la sangre.
Te conocí mayor pero he soñado con la niña que fuiste. Me ha contado los secretos de tu infancia, de cuando observabas con los ojos muy abiertos todo lo que ocurría en la casa grande. Me ha contado que no te gustaban los soldados, que a veces venían de noche y tu madre siempre tenía que lavarles la ropa y darles algo de comida, sin rechistar, sin discriminar a nadie por el símbolo que portara en su uniforme.
Te recuerdo sentada en el portal, con la mirada perdida.
Solo puedo recordarte vestida de violeta, porque él no querría vernos de negro. Aquel día, la mujer más fuerte de mundo se quedó sin magia. Te vi envejecer 16 años en una mañana, los mismos que yo le había prestado al abuelo.
He intentado comprenderte, conocer los miedos que no te dejaban dormir de niña y que mantuvieron tu sueño ligero para siempre. He intentado imaginar cómo te sentiste el día de tu boda, pero lo único que recuerdo es que te apagaste como una vela. Tu mirada celeste se secó en verano. Nunca pude preguntarte qué hizo el abuelo para enamorarte.
Solo puedo preguntarme si estaréis cómodos durmiendo así, después de haber pasado toda una vida en el lado contrario de la cama.

Los estorninos han vuelto al jardín, pero estoy demasiado lejos para escucharlos.
Hoy vuelvo a sentirme culpable bajo tu manta de lana. No me enseñaste el hechizo para soñar con vosotros y en días como hoy lo necesito, porque es la única forma de abrazaros… Aunque no sea real.

viernes, 14 de octubre de 2016

Down to the waterline


Te debo la mayoría de la música que me gusta. De las más de 600 canciones que caben en mi iPod, unas 400 me recordaban a ti. Como podrás imaginar, me deshice de muchas.
Hubo excepciones, como los Arctic Monkeys, que me gustaban demasiado. Ni siquiera dejé de escuchar Cornerstone.
Pero con los Dire Straits era distinto. Me enamoré de ti escuchándolos, sus canciones fueron, sin duda, la banda sonora del comienzo de nuestro amor adolescente, de todo lo nuevo, de todo lo mágico que acabaría volviéndonos locos.
Durante años los he mantenido ocultos, olvidados en alguna carpeta de mi ordenador. En mi iPod solo quedó Tunnel of love, porque la identificaba más conmigo que contigo.
Hoy me he acordado del disco de portada borrosa que me regalaste hace casi 7 años y que aún conservo.
Los primeros acordes de Down to the waterline me han hechizado. Y, por primera vez en mucho tiempo, la amargura no ha teñido estas maravillosas canciones con tu mirada.
Escucharlas me ha transportado a aquellas tardes de otoño.
Qué placer poder escucharlas sin odiarte, sin recordar todo el daño y, sobre todo, sin echar de menos a la que persona que fuiste mientras yo me dejaba enamorar por la premonitoria Six blade knife. No echo de menos nuestra mi ingenuidad.
Hoy por fin soy capaz de disfrutar su magia sin rencor. Por fin puedo recordar aquella época como algo feliz, hermoso y preciado.
Estas canciones representan el amor entre dos jóvenes que quieren comerse el mundo y creen que todo el posible con música. Todavía no conocen la verdadera decepción, el amor es como el agua y los cuchillos no se han clavado en la piel. Creen en el infinito.
Dejémosles ser felices en el recuerdo, se lo merecen. En algún momento nos lo merecimos.
Estas canciones son demasiado buenas, significan tanto.
Ahora no puedo dejar de escucharlas.





lunes, 26 de septiembre de 2016

Némesis



Schloss Cecilienhof, Potsdam
Las Drama Queens necesitan oscuridad para brillar.
Te aferras a las mismas contradicciones que tiran de ti hacia abajo, hacia tus profundidades, donde las interrogaciones se te enredan en los pies, acelerando la caída.
Has repetido la misma escena tantas veces que has olvidado que ese papel dejó de ser tuyo hace mucho tiempo. Pero la melancolía es confortable, te gusta, siempre ha sido lo tuyo. Te dejas ir, a veces necesitas que la corriente te arrastre para dejar la mente en blanco.
Te haces un ovillo, dándole la espalda, esperando un abrazo que no llega nunca, como tampoco llega el alivio, ni el reconfortante poder de dictar sus movimientos.
El placer no llega.
Has olvidado que estás en otro escenario, representando una obra muy distinta.
Has olvidado quién eres. Eres peluca y disfraz, contradicción pura, eres la hipocresía que cínicamente criticas. Eres duda, como siempre. Hay cosas que nunca cambian.
Miras el calendario y, de repente, un extraño regocijo te eleva las comisuras.
Claro, es hoy. Todo tiene sentido. No soy yo.
Hace un año eran calles las fronteras, ahora son países los que os separan y, aún así, este día te persigue, no entiende de guerras frías ni de muros de hormigón.
Este día, con los años, se ha convertido en némesis.
Mi némesis eres tú, y me miras desde el otro lado del espejo. Me cansas. No me creo tus lágrimas, ni tus miradas vacías.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Infinita


Ya no quiero pertenecer a un solo lugar, porque soy todas las fronteras que he cruzado, todas las distancias salvadas. 
Soy todos los pasos que he dado y los que están por llegar, pero sigo sin bandera.
No necesito dibujos en mi cuello que me recuerden dónde está mi corazón, porque mi corazón va conmigo, ha aprendido a ser nómada y tiene tantos hogares como latidos.
De repente, ya no necesito símbolos. Me arranco las raíces y camino descalza.

 
Pero... Vaya a donde vaya, tarde el tiempo que tarde en volver, siempre serás mi lugar favorito del mundo.

lunes, 15 de agosto de 2016

Un año más, un año menos


La casa de mis abuelos se ha quedado vacía. Apenas quedan flores.
 
Las gaitas, las panderetas y los tambores resuenan a lo lejos, pero nuestro jardín está en calma, como los instintos.
Las noches de verano no son como antes, nosotros tampoco somos los mismos, todo cambia a pasos de gigante.
A simple vista parece que todo sigue igual. Podría ser una noche cualquiera de aquellas que ya vivimos y que, solo por pertenecer al pasado, fueron mejores.
El mismo lugar, los mismo olores, las mismas caras envueltas en humo, pero latiendo a compases diferentes. Abrazos asimétricos, a destiempo, preguntas sin respuesta, secretos del subconsciente. La frustración de saber que el momento ha pasado, otro trago largo al vaso,  con los ojos cerrados. Otra mirada reprimida a los cigarrillos de otras bocas. Fotos borrosas, como los recuerdos de anoche.
Hemos cambiado. Tú y yo, ella, vosotros, los nuestros, los de antes, ellos.
Hemos cambiado. No somos mejores, ni peores, solo diferentes; más viejos, aunque sigamos siendo jóvenes.

sábado, 25 de junio de 2016

Quizá


Y si me preguntas que a quién escribo estas palabras me inventaré cualquier historia, lo que sea, antes que mirarte a los ojos y reconocer que de tanto has pasado a ser mentira.

Te caíste del pilar que construyeron mis besos. Quizá fui yo quien te empujó.
Te caíste del altar que construyeron mis versos. Quizá te aburriste de ser musa.
Ahora tus palabras me agobian y desatan en mí la impotencia de no saber decirte que de tus labios solo veo salir palabras vacías, grises, como el humo del cigarro al que te entregas.
Me da pánico mirarte a los ojos y que veas la oscuridad que devora tu nombre, las flores marchitas en la tumba de aquella persona que fuiste y que me ayudó a deshacerme de mis cadenas, de aquella persona que fue desapareciendo poco a poco o que, quién sabe, tal vez nunca existió.
La culpa es mía por idealizar a las personas, por admirar en otros las cualidades que no tengo. La culpa es mía por haberte querido. Quizá sea eso, una mezcla entre vergüenza y rechazo, una dosis de despecho que se me atragantó meses después de no verte, cuando cerré los ojos y vi lo que habías significado para mí.
La culpa es mía, por asentir en silencio y camuflar mis ideas con una risita ingenua, mientras mastico las palabras que nunca saldrán de mi boca, al menos no para posarse en tu oído. He hablado de ti, a gritos, pero no contigo.
Sí, en parte es por el despecho. Pero también sé que mi rabia nace de ti, sin que tú lo sepas, por haberte mostrado ante mí cubierta de estrellas, deslumbrándome con tu luz, mientras que ahora… Ahora es noche cerrada y no hay una sola estrella que ilumine nuestras manos. Ahora, todo lo que admiraba de ti es un panteón en ruinas que no esperaba que se viniera abajo. Aún recuerdo su caída.

Ilustración de PedroTapa


martes, 14 de junio de 2016

One of these nights


No tengo mucho tiempo, lo sé. Ni tú tampoco.
Pero encuentra unos minutos para ti, cierra los ojos. Piensa en una noche, la que quieras, te dejo hasta que hurgues en los cajones más antiguos. Puedes pensar en las noches de verano que tenemos por delante, en las noches en vela preguntándonos qué será de nosotros mañana. También puedes escoger algo más positivo, puedes pensar en las madrugadas con gente nueva, en las vistas que ofrece un séptimo piso al atardecer, o en los abrazos que me das por la mañana para no dejarme respirar. Porque a veces, si respiro, me ahogo.
Piensa en aquella noche en la que paseamos por Gran Vía, siendo aún extraños.
Piensa en la primera noche que pasaremos juntos en Berlín.
Cierra los ojos y déjate llevar.


lunes, 6 de junio de 2016

Imagine


Warning: lo que estás a punto de leer no tiene nada que ver con lo que suelo publicar en este blog, pero hoy voy a usarlo para desahogarme. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

No suelo participar en debates o discusiones sobre política o sobre cómo mejorar el mundo, a menos que sea con aquellos que sé que comparten mis ideas, porque soy de esas personas que se lo toman todo muy a pecho, y cuando me pongo nerviosa se me va la coherencia gramatical a los pies y hablo como Tarzán. Anoche hablé. Quizá fuera culpa de la cerveza pero la verdad es que, sin darme cuenta, deshice el filtro de lo políticamente correcto y dije exactamente lo que pensaba. No tartamudeé. Mi vocabulario no parecía el de un niño de primaria. No lloré (qué raro).

A veces tenemos que hacernos oír. Sé que las injusticias son el pan de cada día y que todos somos un poco cómplices pero, ¿qué sería de nosotros si no nos rebeláramos de vez en cuando?
Sé que no voy a ser yo la que cambie el mundo ni acabe con las diferencias entre ricos y pobres. ¿Qué digo el mundo? Ni siquiera en España. Sé que mi discurso airado parecerá radical e incorrecto para algunos, pueril e insuficiente para otros, pero no me importa, porque es lo que pienso.
“Siempre ha habido ricos y pobres”. Es el “siempre” lo que duele, lo que cansa, lo que no satisface. Una vez leí que The most dangerous phrase in the language is “we’ve always done it this way”.
Cada uno puede aplicarlo a lo que quiera: a los políticos, a las multinacionales, a la deslocalización, al capitalismo, a una dictadura, a la religión, a la industria de la carne, a la de la leche, al Gobierno, al sistema, a la monarquía, a la pena de muerte, a la pobreza, al poder, a la mutilación genital, a la tauromaquia, al consumismo, a la hipocresía, a la desinformación, a las propiedades, a los bancos, a la trata de personas, al machismo, a la guerra, a las armas, a las fronteras. Cada uno tiene sus prioridades, pero no importa. La frase “siempre ha sido así”, “siempre lo hemos hecho así” nos envenena mientras la pronunciamos.
No te la creas. Hace miles de años el público aplaudía mientras los esclavos se mataban entre sí, hace no tantos, en nuestro país, las mujeres no teníamos derechos. Ahora mismo, a kilómetros de aquí, obligan a una mujer a casarse con el hombre que la ha violado. Obligan a niños a prostituirse. Obligan a otros a trabajar por menos de un euro al día para que nosotros podamos comprar ropa a precios irrisorios, para que podamos tener cuarenta pares de zapatos. Hay personas encerradas por su ideología. Hay predicadores que incumplen aquello que exigen a los demás. Hay animales confinados, maltratados y asesinados a millones por día para que nosotros podamos satisfacer un consumo desmesurado que, por si fuera poco, acorta nuestra propia vida. Hay bosques enteros reducidos a cenizas. Hay personas que se ven obligadas a huir de su país para intentar sobrevivir.

No digo que vayamos a cambiar el mundo. No de la noche a la mañana. No digo que yo sea ningún ejemplo a seguir. Solo quiero que intentemos ser menos cómplices, con pequeños gestos, aunque solo sea con no conformarnos cuando alguien nos diga que las cosas siempre han sido así.
Como cantaba John Lennon: “You may say I’m a dreamer, but I am not the only one”.

sábado, 7 de mayo de 2016

Esther


Esther es una princesa que adiestra dragones.
Nadie la entiende y la mayoría de la gente cree que está hecha de puro mármol. Lo que no saben es que se deshace en arena fina si le dibujas versos sobre la piel con las yemas de los dedos.
Es ternura y temblor, es el espejo de otras almas pero no de la suya, es el arcoíris que todos persiguen. Sé que algunos hombres han saboreado su violeta, incluso su azul, pero no hay hombre ni mujer que haya probado su rojo. Por eso se viste de pasión, para provocar a los ilusos que aún sueñan con deslizarse por sus piernas y llegar hasta la olla de oro. Ilusos.
Esther es una tormenta siempre en calma, un haz de luz de alto contenido en duda, una pregunta que, sin ser retórica, no quiere saber respuesta.
Es un pilar que casi nunca tiembla pero que siempre hace temblar al que la mira como se ha de mirar: con los ojos cerrados y el corazón abierto.
No pierdas el tiempo intentando comprenderla, recorre la ciudad de su mano y hazla reír, porque tiene una sonrisa que es pura belleza asimétrica y trasladará a tu mundo la inclinación de su boca.
No pierdas el tiempo intentando comprenderla, déjate mecer por sus silencios… porque aún no lo sabes, pero la echarás de menos.


martes, 26 de abril de 2016


 Qué gran placer abrir los ojos y encontrarme  con el tuyo.
Cómo me gusta que seas tú el testigo de mis coreografías paganas, de mis arcos y líneas cruzadas, de mis explosiones, de mi fiesta.
Qué maravilla despertar, nacer de nuevo, tras un placer tan poderoso que, sin duda, podría crear nuevas estrellas. Creo que las has creado, son estrellas de colores y nos iluminan desde arriba, como tu ojo entrecerrado, que no deja de mirarme, encantado, mientras renazco en tus manos.
Por un momento, me siento como si fuera la única constelación en el cielo.
Tu ojo ocupa toda la habitación, todo mi cuerpo, y me sumerjo en sus aguas sin miedo a las corrientes, dejándome llevar poco a poco hasta el refugio de tu pupila. Así eres tú, tierra firme, tierra húmeda y fértil donde crece mi futuro.
Qué delicia de existencia, qué orgía de sensaciones, qué bueno es lo bueno cuando no es breve.

viernes, 1 de abril de 2016


Las cicatrices son reversibles y, a veces, cuando me persigues en sueños, revivo despierta aquellas noches de verano interminables. Cierro mis ojos, pero mi mente sigue abierta y de las heridas manan las uñas mordidas que una vez las abrieron.
En momentos como este revivo tus terremotos y el miedo me escuece tanto en los ojos que los cierro para que nadie se asome a ellos, para que nadie encuentre las huellas de la bestia que devoró mi voz.
Hace mucho que la bestia murió, hace tiempo que el odio se evaporó, pero en mis profundidades reposan las sales de mis complejos, aquellos que a veces salen a flote y me empañan la vida, recordándome las cuentas pendientes que tengo conmigo misma.

viernes, 11 de marzo de 2016



Ilustración de Jean-Francois Painchaud
Max es un marinero holandés con los ojos de niebla. Cuando estoy cerca de él no necesito ver nada más, porque lo único que me apetece es cerrar los míos.
Max tiene la templanza del mar en calma pero sé que bajo la superficie bucean corrientes que pueden dejarte sin respiración.
Max puede convertir las rocas frías y resbaladizas en fuentes de agua termal. Puede controlar las aguas y crear cataratas debajo de las sábanas.
Su mirada se pierde en el horizonte, en los mares que navegó en otra vida y cuyas aguas palpitan en sus venas azules.

Me gusta su espalda recta, su mirada directa a la cámara. Me gusta la calma que me transmiten sus hombros.
Me gustan sus labios, sobre todo cuando me dicen que soy el amor de su vida.
Me gusta verlo serio y hermético porque siento que soy la única persona de esta habitación que conoce su risa, la única que ha escuchado los secretos que esconde su boca, la única que ha probado sus mordiscos.
Me gusta que sus manos recorran los puertos y canales de mi cuerpo encharcado, que se hunda en las profundidades de mis bahías, desenterrando maravillas, barcos hundidos y algún que otro sueño incompleto.
Max me mira y me transporta a lugares que ni siquiera aparecen en los mapas.
Me gusta pensar que mi vida es más vida porque por fin la comparto con él.







viernes, 19 de febrero de 2016

The distance in your eyes

Artwork by Jean Francois Painchaud

Hubo un tiempo en el que no sabía si era la chica que se miraba en el espejo o solo el reflejo de una desconocida. Esta crisis de identidad no es de extrañar, teniendo en cuenta que siempre he completado lo que no me gusta o desconozco con mis propias ideas. Esto puede parecer maravilloso y creativo hasta que llega un momento en el que no sabes qué recuerdos, opiniones y emociones son reales y cuáles forman parte de uno de los tantos personajes que nacieron tras tus ojos. Hay un personaje especial, el que has ido moldeando durante los años y con el que te sientes especialmente cómoda. Si tuvieras que describirte ante un desconocido, sentirías la tentación de describir a este personaje tan currado, que a todo el mundo gusta. No sería la primera vez. Tampoco sería raro que intentaras caminar como él, para más tarde adoptar sus gestos, sus palabras. Su mente.

Oh, no, I said to much

Puedes engañarte a ti mismo, hasta límites insospechados, yo lo he hecho, casi sin darme cuenta. Pero llegó un momento en el que no quería seguir engañándome, en el que vi tan claro el disfraz que tanto necesitaba que sentí miedo de no saber quién era, de ni siquiera ser. Quería saberlo. Lleva su tiempo, pero sigo definiéndome y a veces me sorprendo de lo sencillo que resulta ver cuando tienes los ojos abiertos. Pero no basta con verlo, hay que admitirlo.

And I don’t know if I can do it

Cada día me siento más yo. Siempre he dicho que me gusta llevar la contraria pero no en voz alta y estoy intentando fortalecer mi voz y decir lo que pienso, aunque no guste, aunque sorprenda. Sigo sin poder añadir “aunque ofenda”.

Every whisper of every waking hour I am choosing my confessions

Seguro que no soy la única que se siente así. Puede que tú también lo hagas. Puede que te estés analizando en este momento. ¿Te conoces? ¿Te gustas? No te comas la cabeza. Solo escucha la canción.






domingo, 7 de febrero de 2016

Nuestra cápsula del tiempo

"The Evening Gown" Rene Magritte
En días como hoy desentierro cápsulas del tiempo como aquella que escondimos bajo la hojarasca hace más de diez años. Los recuerdos que aparecen se me antojan ajenos y surrealistas pero hay una parte de mí que los reconoce como suyos.
Recuerdo cuando jugábamos a descubrir el mundo. Me cuesta creer que fuéramos nosotras esas niñas que se escondían en los desvanes para quitarse la ropa, para jugar a sentir. Para nosotras era un juego pero también era mucho más. Descubrimos sensaciones nuevas, nos descubrimos a nosotras mismas, siempre en secreto. Aún siendo niño sabes que hay ciertas cosas que hay mantener en privado. “Las niñas no deben hacer esas cosas”. Quizá fuera el secreto lo más excitante de todo o quizá lo fueran tus labios carnosos.
Sabíamos que estaba mal pero no entendíamos por qué. ¿Cómo puede ser malo algo tan increíble? ¿Por qué debemos ocultar, rechazar y evitar aquello que nos hace sentir vivos, aquello que nos hace sentir bien? No sabíamos las respuestas, ni sabíamos que esa curiosidad iría evolucionando con los años.
Cuando era pequeña pensaba que los besos sabían a Coca Cola. Los tuyos también.
No me acuerdo cómo empezó ni tampoco cómo acabó pero recuerdo levemente el cosquilleo de los besos a escondidas, la sensación de dos cuerpos que se buscaban pero que no sabían cómo encontrarse, las ganas de que llegara el momento de volver a jugar, de escaparnos a los silos de paja y aprender las reacciones que nuestros cuerpos, que apenas había empezado a cambiar, iban manifestando con cada idea que se formaba en nuestras mentes pueriles. Recuerdo la satisfacción e aquellas tardes soleadas de verano, las sonrisas, las mejillas ruborizadas, los ojos brillantes, la complicidad de dos amigas con ganas de comerse el mundo.
Sé que fui la primera persona que te besó y también la primera que se asomó a tus ojos y descubrió una fuerza eléctrica, viva, casi agresiva, que tardé años en comprender. Fui la primera persona que alimentó tus ganas.
Cuando seguimos creciendo empezamos a comprender las dimensiones de aquellos juegos y, sin ser conscientes, hicimos un pacto implícito en el que renunciamos a ellos. Aquellos recuerdos se fueron a la deriva, dejándonos con la duda, años después, de si realmente sucedió o si fue otro sueño de una noche de verano.
Hace mucho que dejamos de ser aquellas niñas que se confiaban la una a la otra algo tan íntimo como las fuerzas que nos mueven, que mueven el mundo entero.
Años después seguí pensando en ti, con otros, con otras, conmigo. Imaginé cómo sería un universo paralelo en el que seguir escondiéndonos para jugar como lo hacen los adultos. Hace mucho que perdimos el contacto pero a veces me pregunto si recuerdas aquella cápsula del tiempo, si recuerdas nuestro secreto, si has pensado en él alguna noche.
Mi cuerpo ya no recuerda aquellas sensaciones de las que te hablo y nunca podré estar segura de que no me lo he inventado todo (no sería la primera vez) pero de lo que sí estoy segura es de que tras esos ojos, ya adultos, tras esa sonrisa angelical, sigue vibrando, escondida, la magia chispeante que descubrí hace muchos años. Y me gusta pensar que hay algo que hemos compartido, que hay algo que es solo nuestro, aunque no lo hayamos reconocido ni lo vayamos a reconocer nunca.


sábado, 30 de enero de 2016

"Qué bien"

"Qué bien que por mis nervios corran impulsos que me cuentan que estás en mi habitación, que no te has ido y que te tengo cerca". Izal.


¡Buen rollito y feliz sábado!

lunes, 25 de enero de 2016

No me gusta decir adiós

La casa está vacía y apuesto a que tiene frío. La casa está en silencio desde aquella noche.
Habría apretado tu mano cuando nadie nos viera, pero nunca estabas sola. Por eso pasaba por delante de la puerta sin mirarte, sin atravesar el siniestro umbral que todavía me hace temblar.
Hoy me arrepiento de no haber tenido fuerzas para mirarte a los ojos cerrados y sentarme a tu lado, haciendo un esfuerzo por escuchar tus pulmones roncos. Pero sé que si volviera atrás volvería a pasar mirando al frente, a las escaleras enmoquetadas, y subiría a encerrarme en mi cuarto. No tendría valor ni ahora ni nunca para cogerte la mano, porque les prometí que no me verías llorar y esa habitación me hacía daño por muy lejos que huyera.
Qué mes de agosto más frío.
Ahora me acuerdo y se me clavan en las manos las astillas de madera de esa escalera, se me encoge el corazón intentando no hacer ruido, me habría gustado haberme hecho invisible y haberte hecho compañía junto a la lámpara encendida, en la habitación que suplantó para siempre al comedor en el que celebrábamos la Navidad.
No soporto decir adiós, por eso no lo hice.
Por eso cerré los ojos con fuerza y me dormí, a pesar de que tu respiración llenaba toda la casa, como abrazando por última vez cada rincón del que fue tu hogar durante más de cincuenta años. Me parecía imposible que de tu cuerpo cansado salieran aquellos suspiros rotos. La casa entera tiritaba de frío y yo hacía lo mismo entre las sábanas.
No soporto decir adiós, por eso me despertaron cuando ya te habías ido y, con la mano de mi madre en la espalda, desperté sabiendo que nunca volvería a verte y ese nunca es lo que todavía duele.
No soporto decir adiós, por eso no lo hice.