.

.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Los monstruos se hacen grandes y el mundo se para.
Solo puedo escuchar mi respiración nerviosa y alguien tira de las cuerdas.
Vuelven a clavarse en mi cuerpo.
Se hace de noche a mediodía y tengo miedo.
Soy ovillo en tu pecho y me escondo de todo, también de ti.
Tengo la voz acostumbrada a fingir pero mi respiración no miente.
Tampoco mis ojos, por eso los cierro. No quiero que te mires en ellos.
Cerrar los ojos y esperar a que se pase, fingir que no existo, dejar la mente en negro.
Oscuridad.
Esconder las lágrimas solo hace que escuezan más.
Tus brazos me mecen y lloro.
La sal desaparece de mis ojos y puedo ver de nuevo.
Me avergüenzo de ser tan débil, de ser ovillo, de ser muro, de ser silencio.
Me avergüenzo de ser miedo.

Anochece en Berlín

1 comentario:

  1. Todos somos miedo alguna vez y creo que no hay razón alguna para avergonzarse. Tal vez es síntoma de que entregas lo vulnerable, y no hay mayor fortaleza que eso.

    Salud.

    ResponderEliminar