.

.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Universos paralelos


Solo queda una cerveza en la nevera y lleva mi nombre.

Ella sabía que no debía hacerlo pero al fin y al cabo los sueños son el único lugar donde puedes actuar sin miedo a las consecuencias.

En universos paralelos todo da vueltas y ellos giran. No pesan, solo giran, y ella le rodea con sus largas piernas, piernas llenas de cicatrices y arañazos. Sabe que se juró no hacerlo pero las normas no existen y el animal por fin se libera. Lame la droga de la lengua que él le ofrece, en una mueca que hace que le tiemblen hasta las pestañas. El espacio-tiempo, las ganas, los miedos, los cuerpos, todo cambia de forma a su antojo y cada vez hace más calor en el ascensor.

En universos paralelos fuman en su cama mientras escuchan a AC/DC. En universos paralelos. La buhardilla está envuelta en humo pero no necesitan verse para encontrarse. Las utopías, esa bandera en la pared, el miedo a que los escuchen, las ganas de lo que hagan.

En universos paralelos él la mira a los ojos y su corazón deja de aletear durante un tiempo, el tiempo que la ropa tarda en caer al suelo, en quedar esparcida por la habitación. Se beben con el ansia de los adictos, de los obscenos, de los locos que se lamen las heridas al ritmo de un solo de batería. Se lamen con furia, con rabia, con desesperación, porque saben que ya son demasiados los sueños que quedaron atrás sin consumirse del todo, porque saben que es la única oportunidad de ser huracán entre las sábanas, de terminar ese capítulo de sus vidas que amenaza con volverlos locos.

En universos paralelos sus cuerpos encajan a la perfección y parecen conocerse. Los besos son de humo y sus cuerpos arden entre las cenizas.

Pero, como en todas las hogueras, el fuego se consume. Es hora de despertar. El universo desaparece. No hay fuego, ni cenizas, no quedan alucinaciones en las que fundirse. Pero el calor no se va. Ella seguirá leyendo al poeta que le recuerda a él, buscando en su voz, tan parecida, palabras dirigidas a ella. Él no volverá a ser el mismo y solo podrá pensar en ella cada vez que alguien diga la palabra “éxtasis”, porque hay drogas de muchos tipos pero unas enganchan más que otras.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Los monstruos se hacen grandes y el mundo se para.
Solo puedo escuchar mi respiración nerviosa y alguien tira de las cuerdas.
Vuelven a clavarse en mi cuerpo.
Se hace de noche a mediodía y tengo miedo.
Soy ovillo en tu pecho y me escondo de todo, también de ti.
Tengo la voz acostumbrada a fingir pero mi respiración no miente.
Tampoco mis ojos, por eso los cierro. No quiero que te mires en ellos.
Cerrar los ojos y esperar a que se pase, fingir que no existo, dejar la mente en negro.
Oscuridad.
Esconder las lágrimas solo hace que escuezan más.
Tus brazos me mecen y lloro.
La sal desaparece de mis ojos y puedo ver de nuevo.
Me avergüenzo de ser tan débil, de ser ovillo, de ser muro, de ser silencio.
Me avergüenzo de ser miedo.

Anochece en Berlín