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domingo, 3 de noviembre de 2013

Llevo toda la vida preguntándome cómo habría sido aquel beso.




Te sorprenderías si supieras quien escucha tu canción a miles de kilómetros de distancia. Ya he perdido la cuenta de los años que llevamos siendo nada y algo al mismo tiempo.
Hoy sentía que necesitaba música, pero no una canción cualquiera, y me he acordado de ti, de la canción que durante días me tuvo hipnotizada. Podrás imaginarte que la escucho a la vez que escribo esto.
Eres mi "quiero y no puedo", mi "casi", mis puntos suspensivos. Eres mi fantasía más antigua. Eres ese sueño que se repite, cada vez diferente, pero queriéndome decir lo mismo. Eres letras que surgen de repente y me dejan impotente, destrozada y muriéndome de ganas. Eres la espera y la sorpresa, la incongruencia más excitante que he intentado descifrar.
Querido poeta, lo que daría por encontrarme en todos tus poemas, en los que por supuesto me busco con una obsesión casi enfermiza. Sí, tu recuerdo es como una enfermedad. Dura unos días, me marea, desorienta y hace que me cuestione mi vida entera. Me envenena, me corrompe. Pero pasa. Afortunadamente, porque sería imposible vivir con esta lucha interior de forma permanente.
Querido cantante, no imaginas lo que siento al oír tu voz, esa que siempre fue diferente a la de los demás y que enciende hasta en las crueles noches de invierno.
Llevo toda la vida preguntándome cómo habría sido aquel beso que no te di hace seis años. O la noche que te negué hace cinco. Qué habría encontrado en tus ojos si hubiera levantado la vista hace tres años.
Eres la espina más grande que atraviesa este maldito corazón.
He tardado mucho tiempo en darme cuenta, querido guitarrista. Y aún sigo rechazando la idea, porque me da tanto miedo... Me da miedo no saciar nunca esta sed de ti, porque ya amenaza con volverme loca. Tengo miedo de verte y no tenerme en pie, de eclosionar en un orgasmo brutal cuando tus ojos se posen en los míos. Creo que podría morir si sólo me rozaras el cuello con la yema del pulgar. 

Llevo toda la vida preguntándome cómo sería hacer el amor contigo, cómo sería sentirme poesía en tus labios carnosos, guitarra en tus dedos, música en tus oídos.
El miedo a convertirme en marioneta en esos dedos mágicos me puede, poeta. Me puede.
Y ya que voy a morir de todas formas... No sé si prefiero morir del miedo a que esta magia tuya se me deshaga entre las piernas si me rindo de una vez a estas ganas que se me clavan cada vez que pienso en ti o si en cambio me atreveré a morirme en tu boca, en tu mañana incierto, en tu locura. Sólo sé que soy incapaz de ignorar esta curiosidad.

Nadie lo sabe, ni siquiera tú, pero moriría por ser musa de una sola de tus letras. 

Y escucho tu canción una vez más, como para convocarte, pero nada. El teléfono no suena.

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