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domingo, 5 de febrero de 2017

Nothing is gonna hurt you


Febrero es un mes romántico, de carnaval, pero también es uno de los meses más fríos. Para mí, febrero siempre ha sido un mes de cambios, un mes que marca un antes y un después.
Febrero es un mes de transición y cenizas, aunque algunos años las cenizas arden más que en otros. Febrero es tiempo muerto, tiempo para pensar, propósitos que cumplir, es soñar con la llegada de la primavera. A veces, febrero es decir adiós, otras, dar la bienvenida. Febrero está hecho de nieve y cicatrices que sigo lamiendo cuando nadie me ve.
Este febrero no augura grandes cambios, pero siento la transición de los días, que se estiran poco a poco, y tengo muchos planes por delante.
Sigo odiando los domingos y los de febrero no son ninguna excepción.
En los domingos fríos como este me apetece hacerme un ovillo debajo de la manta e imaginarme un ronroneo prometedor a mis pies.
Solo necesito el calor de otro cuerpo al lado del mío y una mano acariciándome el pelo, asegurándome que todo irá bien.
Siempre he odiado sentirme pequeña y el miedo a las personas que lo disfrutaban sigue empañando mis ojos con pesadillas irónicas, pero a veces lo necesito. A veces necesito sentirme pequeña, acurrucada en unos brazos grandes, para poder hacerme fuerte poco a poco. Creo que todos necesitamos sentirnos así en determinados momentos, como un polluelo de fénix que necesita revolcarse en las cenizas antes de emprender el vuelo.
Hoy solo quiero sentirme en casa, pequeña y segura en unos brazos que me aseguran un futuro feliz.
En los domingos fríos como este, el invierno alemán me muerde los tobillos y me congela los pies, pero no el corazón. Mi corazón derrite la nieve de Christinenstrasse con la fuerza de un fénix adulto. Qué difícil es ser adulto. Pero no quiero hablar de eso ahora, solo quiero acurrucarme bajo la manta e iluminar la noche temprana con velas de colores en los alféizares de las ventanas.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hechizos


Ahora que lo pienso, no tengo ninguna canción que me recuerde a ti... pero no la necesito, porque te llevo en la sangre.
Te conocí mayor pero he soñado con la niña que fuiste. Me ha contado los secretos de tu infancia, de cuando observabas con los ojos muy abiertos todo lo que ocurría en la casa grande. Me ha contado que no te gustaban los soldados, que a veces venían de noche y tu madre siempre tenía que lavarles la ropa y darles algo de comida, sin rechistar, sin discriminar a nadie por el símbolo que portara en su uniforme.
Te recuerdo sentada en el portal, con la mirada perdida.
Solo puedo recordarte vestida de violeta, porque él no querría vernos de negro. Aquel día, la mujer más fuerte de mundo se quedó sin magia. Te vi envejecer 16 años en una mañana, los mismos que yo le había prestado al abuelo.
He intentado comprenderte, conocer los miedos que no te dejaban dormir de niña y que mantuvieron tu sueño ligero para siempre. He intentado imaginar cómo te sentiste el día de tu boda, pero lo único que recuerdo es que te apagaste como una vela. Tu mirada celeste se secó en verano. Nunca pude preguntarte qué hizo el abuelo para enamorarte.
Solo puedo preguntarme si estaréis cómodos durmiendo así, después de haber pasado toda una vida en el lado contrario de la cama.

Los estorninos han vuelto al jardín, pero estoy demasiado lejos para escucharlos.
Hoy vuelvo a sentirme culpable bajo tu manta de lana. No me enseñaste el hechizo para soñar con vosotros y en días como hoy lo necesito, porque es la única forma de abrazaros… Aunque no sea real.

viernes, 14 de octubre de 2016

Down to the waterline


Te debo la mayoría de la música que me gusta. De las más de 600 canciones que caben en mi iPod, unas 400 me recordaban a ti. Como podrás imaginar, me deshice de muchas.
Hubo excepciones, como los Arctic Monkeys, que me gustaban demasiado. Ni siquiera dejé de escuchar Cornerstone.
Pero con los Dire Straits era distinto. Me enamoré de ti escuchándolos, sus canciones fueron, sin duda, la banda sonora del comienzo de nuestro amor adolescente, de todo lo nuevo, de todo lo mágico que acabaría volviéndonos locos.
Durante años los he mantenido ocultos, olvidados en alguna carpeta de mi ordenador. En mi iPod solo quedó Tunnel of love, porque la identificaba más conmigo que contigo.
Hoy me he acordado del disco de portada borrosa que me regalaste hace casi 7 años y que aún conservo.
Los primeros acordes de Down to the waterline me han hechizado. Y, por primera vez en mucho tiempo, la amargura no ha teñido estas maravillosas canciones con tu mirada.
Escucharlas me ha transportado a aquellas tardes de otoño.
Qué placer poder escucharlas sin odiarte, sin recordar todo el daño y, sobre todo, sin echar de menos a la que persona que fuiste mientras yo me dejaba enamorar por la premonitoria Six blade knife. No echo de menos nuestra mi ingenuidad.
Hoy por fin soy capaz de disfrutar su magia sin rencor. Por fin puedo recordar aquella época como algo feliz, hermoso y preciado.
Estas canciones representan el amor entre dos jóvenes que quieren comerse el mundo y creen que todo el posible con música. Todavía no conocen la verdadera decepción, el amor es como el agua y los cuchillos no se han clavado en la piel. Creen en el infinito.
Dejémosles ser felices en el recuerdo, se lo merecen. En algún momento nos lo merecimos.
Estas canciones son demasiado buenas, significan tanto.
Ahora no puedo dejar de escucharlas.





lunes, 26 de septiembre de 2016

Némesis



Schloss Cecilienhof, Potsdam
Las Drama Queens necesitan oscuridad para brillar.
Te aferras a las mismas contradicciones que tiran de ti hacia abajo, hacia tus profundidades, donde las interrogaciones se te enredan en los pies, acelerando la caída.
Has repetido la misma escena tantas veces que has olvidado que ese papel dejó de ser tuyo hace mucho tiempo. Pero la melancolía es confortable, te gusta, siempre ha sido lo tuyo. Te dejas ir, a veces necesitas que la corriente te arrastre para dejar la mente en blanco.
Te haces un ovillo, dándole la espalda, esperando un abrazo que no llega nunca, como tampoco llega el alivio, ni el reconfortante poder de dictar sus movimientos.
El placer no llega.
Has olvidado que estás en otro escenario, representando una obra muy distinta.
Has olvidado quién eres. Eres peluca y disfraz, contradicción pura, eres la hipocresía que cínicamente criticas. Eres duda, como siempre. Hay cosas que nunca cambian.
Miras el calendario y, de repente, un extraño regocijo te eleva las comisuras.
Claro, es hoy. Todo tiene sentido. No soy yo.
Hace un año eran calles las fronteras, ahora son países los que os separan y, aún así, este día te persigue, no entiende de guerras frías ni de muros de hormigón.
Este día, con los años, se ha convertido en némesis.
Mi némesis eres tú, y me miras desde el otro lado del espejo. Me cansas. No me creo tus lágrimas, ni tus miradas vacías.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Infinita


Ya no quiero pertenecer a un solo lugar, porque soy todas las fronteras que he cruzado, todas las distancias salvadas. 
Soy todos los pasos que he dado y los que están por llegar, pero sigo sin bandera.
No necesito dibujos en mi cuello que me recuerden dónde está mi corazón, porque mi corazón va conmigo, ha aprendido a ser nómada y tiene tantos hogares como latidos.
De repente, ya no necesito símbolos. Me arranco las raíces y camino descalza.

 
Pero... Vaya a donde vaya, tarde el tiempo que tarde en volver, siempre serás mi lugar favorito del mundo.

lunes, 15 de agosto de 2016

Un año más, un año menos


La casa de mis abuelos se ha quedado vacía. Apenas quedan flores.
 
Las gaitas, las panderetas y los tambores resuenan a lo lejos, pero nuestro jardín está en calma, como los instintos.
Las noches de verano no son como antes, nosotros tampoco somos los mismos, todo cambia a pasos de gigante.
A simple vista parece que todo sigue igual. Podría ser una noche cualquiera de aquellas que ya vivimos y que, solo por pertenecer al pasado, fueron mejores.
El mismo lugar, los mismo olores, las mismas caras envueltas en humo, pero latiendo a compases diferentes. Abrazos asimétricos, a destiempo, preguntas sin respuesta, secretos del subconsciente. La frustración de saber que el momento ha pasado, otro trago largo al vaso,  con los ojos cerrados. Otra mirada reprimida a los cigarrillos de otras bocas. Fotos borrosas, como los recuerdos de anoche.
Hemos cambiado. Tú y yo, ella, vosotros, los nuestros, los de antes, ellos.
Hemos cambiado. No somos mejores, ni peores, solo diferentes; más viejos, aunque sigamos siendo jóvenes.

sábado, 25 de junio de 2016

Quizá


Y si me preguntas que a quién escribo estas palabras me inventaré cualquier historia, lo que sea, antes que mirarte a los ojos y reconocer que de tanto has pasado a ser mentira.

Te caíste del pilar que construyeron mis besos. Quizá fui yo quien te empujó.
Te caíste del altar que construyeron mis versos. Quizá te aburriste de ser musa.
Ahora tus palabras me agobian y desatan en mí la impotencia de no saber decirte que de tus labios solo veo salir palabras vacías, grises, como el humo del cigarro al que te entregas.
Me da pánico mirarte a los ojos y que veas la oscuridad que devora tu nombre, las flores marchitas en la tumba de aquella persona que fuiste y que me ayudó a deshacerme de mis cadenas, de aquella persona que fue desapareciendo poco a poco o que, quién sabe, tal vez nunca existió.
La culpa es mía por idealizar a las personas, por admirar en otros las cualidades que no tengo. La culpa es mía por haberte querido. Quizá sea eso, una mezcla entre vergüenza y rechazo, una dosis de despecho que se me atragantó meses después de no verte, cuando cerré los ojos y vi lo que habías significado para mí.
La culpa es mía, por asentir en silencio y camuflar mis ideas con una risita ingenua, mientras mastico las palabras que nunca saldrán de mi boca, al menos no para posarse en tu oído. He hablado de ti, a gritos, pero no contigo.
Sí, en parte es por el despecho. Pero también sé que mi rabia nace de ti, sin que tú lo sepas, por haberte mostrado ante mí cubierta de estrellas, deslumbrándome con tu luz, mientras que ahora… Ahora es noche cerrada y no hay una sola estrella que ilumine nuestras manos. Ahora, todo lo que admiraba de ti es un panteón en ruinas que no esperaba que se viniera abajo. Aún recuerdo su caída.

Ilustración de PedroTapa